El secreto de Francia: ¿Por qué sus áreas de autocaravanas son las mejores de Europa?
Francia. Para cualquier usuario de autocaravana o camper, cruzar la frontera hacia Francia es entrar en un paraíso logístico. Pero, ¿cómo es posible que pueblos de apenas 600 habitantes ofrezcan servicios de lujo a precios casi simbólicos? La respuesta no es fruto del azar, sino de una profunda tradición social que se remonta a casi un siglo atrás.
La democratización del ocio
Todo comenzó en 1936 con la introducción de las vacaciones pagadas. Por primera vez, la clase trabajadora francesa tuvo tiempo libre, pero no dinero para hoteles lujosos. La creatividad popular impulsó el uso de tiendas de campaña militares sobrantes y el aprovechamiento de terrenos cedidos. Tras la Segunda Guerra Mundial, el Estado y los municipios entendieron que el ocio era un derecho y comenzaron a crear los campings municipales: instalaciones básicas, dignas y, sobre todo, muy baratas.
Esta filosofía ha perdurado. Hoy, Francia cuenta con la mayor red de Europa: más de 20.000 puntos de pernocta. Al ofrecer servicios municipales a bajo coste, los ayuntamientos obligan al sector privado a mantener precios competitivos, evitando las tarifas desorbitadas de otros países europeos.
El ejemplo de Schoenau: Lujo a precio de saldo
Un ejemplo perfecto de esta política es el área de autocaravanas de Schoenau, en la Alsacia. Se trata de un antiguo camping reconvertido y automatizado, gestionado actualmente por la red Camping-Car Park, pero cuyo precio sigue regulado por el ayuntamiento local.
Por tan solo 14,90 € (tarifa de septiembre 2025), el viajero accede a:
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Servicios completos: Baños y duchas con agua caliente, fregaderos para vajilla y zona de lavado de ropa.
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Comodidad técnica: Electricidad de 10 amperios incluida y una zona de cambio de aguas moderna y funcional.
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Amplitud: Parcelas generosas que permiten desplegar toldos, mesas y sillas, respetando siempre la convivencia.
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Entorno privilegiado: El área está situada junto a un lago ideal para el baño en verano y cerca del Gran Canal de Alsacia. Además, cuenta con un chiringuito económico y música en vivo gratuita durante los fines de semana estivales.
Un modelo de inversión inteligente
¿Pierden dinero estos pueblos? A veces sí, en términos directos. Sin embargo, la inversión se recupera de forma indirecta. Cuando una autocaravana aparca en Schoenau, sus ocupantes caminan por sus cuatro o cinco calles y compran el pan en la boulangerie local. Es un intercambio: el pueblo ofrece hospitalidad y servicios de calidad, y el turista inyecta vida económica en comunidades que, de otro modo, serían invisibles.
Esta «sana envidia» que despierta el modelo francés es un recordatorio de que el turismo itinerante, cuando se gestiona con visión social y no solo recaudatoria, beneficia a todos: al viajero que descubre rincones auténticos y al pequeño municipio que encuentra una razón para seguir prosperando.











