Rothenburg ob der Tauber: Un Viaje al Corazón de la Ruta Romántica en Autocaravana

Alemania alberga rincones que parecen haberse detenido en el tiempo, pero pocos logran la perfección medieval de Rothenburg ob der Tauber. Situada en el corazón de la famosa Ruta Romántica, esta ciudad no es solo un destino turístico más; es un escenario de cuento donde las murallas, las torres y las leyendas se entrelazan para ofrecer una experiencia inolvidable. Para quienes viajamos en autocaravana, Rothenburg representa una parada técnica y emocional obligatoria, un lugar donde la historia se siente en cada adoquín y donde, curiosamente, la Navidad nunca llega a despedirse del todo.

La historia de Rothenburg es tan fascinante como su arquitectura. Uno de sus relatos más célebres nos traslada a 1631, durante la Guerra de los Treinta Años. La ciudad estaba a punto de ser arrasada por las tropas católicas del temido conde Tilly. En un alarde de desprecio, el conde lanzó un desafío imposible: perdonaría la ciudad si alguien era capaz de beber de un solo trago una jarra de vino de más de tres litros. Fue el exalcalde George Nusch quien dio el paso al frente y, contra todo pronóstico, logró la hazaña. Gracias a ese «trago heroico», hoy podemos caminar por calles que se salvaron de las llamas, recordándonos que a veces la voluntad de un solo hombre puede cambiar el destino de miles.

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Caminar por Rothenburg es sumergirse en un entramado de casi cuatro kilómetros de murallas que rodean la ciudad en forma de ocho. Recorrer estas defensas es gratuito y ofrece una perspectiva privilegiada de los tejados rojos y las torres que definen el horizonte local. Uno de los puntos más fotografiados es, sin duda, la Plönlein, una pequeña plaza donde convergen dos calles y dos torres, creando una estampa tan perfecta que ha servido de inspiración para innumerables artistas y cineastas. Es el lugar ideal para dejarse llevar sin rumbo fijo, descubriendo tiendas de artesanía y rincones que mantienen vivo el clima medieval, a pesar de la innegable afluencia de turistas internacionales.

Si hay algo que define el espíritu de esta ciudad, más allá de sus muros, es su relación con la Navidad. Rothenburg es la sede de Käthe Wohlfahrt, una tienda que es prácticamente un museo de la decoración navideña abierto durante todo el año. Fundada originalmente con cajas de música tradicionales, hoy es un laberinto de adornos, cascanueces y árboles de Navidad que maravillan a niños y adultos por igual. Aunque algunos adornos pueden alcanzar precios de auténticas obras de arte, la entrada es gratuita y permite imbuirse de esa atmósfera mágica, incluso en pleno verano. Además, no se puede abandonar la ciudad sin probar las famosas galletas de jengibre de la zona, una delicia local que acompaña perfectamente los paseos por sus plazas.

Para el colectivo autocaravanista, la logística en Rothenburg presenta claroscuros que es necesario conocer. La ciudad cuenta con un área específica (o parking mixto) situada en una ubicación estratégica, a escasos 400 metros de la Spital Gate, una de las puertas principales de la muralla. Esto permite estar en el centro histórico en menos de diez minutos a pie, una ventaja competitiva indudable. Sin embargo, la gestión del espacio ha generado cierta polémica en la comunidad. En 2025, el coste por pernocta se sitúa en los 20 euros, un precio que muchos consideran elevado para un parking que, en esencia, carece de delimitaciones claras y servicios premium.

El área ofrece servicios básicos de vaciado y llenado, aunque la zona de aguas está ubicada en un punto que puede resultar complicado para maniobrar cuando hay mucha afluencia. La electricidad se paga aparte (unos 80 céntimos por kilovatio), y el agua también requiere monedas adicionales. Un punto muy positivo son sus instalaciones sanitarias; los baños suelen estar impecablemente limpios y cuentan con agua caliente, algo que se agradece tras una jornada de caminata. A pesar de estas limitaciones técnicas y de una sensación de que la ciudad aún no abraza plenamente el potencial del turismo itinerante, la cercanía a un supermercado Aldi y la inmediatez del casco histórico compensan las carencias del recinto.

Visitar Rothenburg en autocaravana requiere, por tanto, un poco de paciencia con el estacionamiento pero garantiza una recompensa visual y cultural sin parangón. Es una ciudad orientada al turismo internacional —con una fuerte presencia de visitantes americanos— lo que eleva ligeramente los precios en restaurantes y comercios, pero la belleza de sus iglesias, como la de San Jacobo, y la majestuosidad de su ayuntamiento (Rat House) hacen que cada euro invertido valga la pena. Es, en definitiva, el pueblo imprescindible de la ruta alemana, un lugar donde el pasado se bebe de un trago y el futuro se contempla desde lo alto de una muralla milenaria.